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Añadió que
cuando trabajaba allí la comida que servían se la daban
gratis en Mercamadrid, y que el régimen al que sometían a
las mujeres era "férreo", porque no podían opinar, ni
quejarse, y las castigaban sin poder salir de sus
habitaciones o sin comida para sus hijos.
También indicó
que las mujeres eran utilizadas como mano de obra para el
centro, dirigido por un matrimonio, y vinculado a un grupo
evangélico independiente, que no obstante es miembro de la
Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España
(FEDERE).
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